Desde ese día me he ido creando una armadura, un escudo que me hacía inaccesible, que me protegía. Cada vez que alguien intentaba atravesarla, veía que no podía y seguía su camino, haciéndose así este escudo más pesado. Hasta que llega alguien (porque al final siempre llega) y consigue romper tu escudo, tu defensa; te quedas sin nada.
Y ahora qué, ¿acabaré igual que empecé?
No hay comentarios:
Publicar un comentario