Siempre hemos definido al ser humano como un ser racional, pero estoy seguro que yo soy la excepción. Hay momentos en los que ni yo sé que estoy haciendo, mi corazón se apodera de mi cuerpo.
Hago cosas que nunca jamás pensé que llegaría a hacer, miento para sentirme bien conmigo mismo, porque en realidad no soy lo que un día me prometí ser. No puedo echarle la culpa a ningún amor roto por esto, yo soy el único culpable de mi vida, el que tiene las riendas y puede cambiar. ¿CAMBIAR? cuantas veces me habré prometido eso, pero ¿cuántas las he cumplido?
Desde pequeños nos cuentan cuentos, nos dicen que para ser alguien tenemos que encontrar el amor, nuestra vocación y formar una familia, pero ¿qué pasa con toda esa gente que deja de creer en el amor, con los que no sabemos cuál es nuestra verdadera vocación y con los que nos sentimos bien solos? La vida no está hecha para vivirla como nos contaron.
Cada día me pregunto qué hago aquí, cómo he conseguido llegar tan lejos, cómo puedo seguir, de dónde saco las fuerzas.
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